El niño egoista

Esta historia la tuvimos que escribir practicamente de hoy para hoy, fue escrita originalmente como una obra para titeres, era para unas muchachas que están estudiando educación preescolar y no sabían hacer la tarea. claro les cobré alguito por eso.

 

El niño egoista por Vina de Rukawa, Vegeta Rukawa y Arepanator.

 

Hace poco más de una semana que el pequeño Alberto cumplió 7 años de edad, le celebraron una gran fiesta con toda su familia y muchos niños que estudian con él, fue una gran fiesta y lo mejor de todo fue la inmensa cantidad de regalos que acumuló aquel día tan especial. Le regalaron tantos juguetes al pequeño Alberto que al cabo de una semana aún no había terminado de jugar con todos ellos, el joven niño estaba muy alegre por todo lo que tenía, y todos los días llevaba un juguete distinto al colegio. Un día mientras jugaba en el colegio uno de sus compañeros de clase le pregunta:

Niño1: Alberto puedo jugar contigo y con tus juguetes? (a lo que Alberto respondió )

Alberto: no, nadie excepto yo puede jugar con mis juguetes y no quiero jugar contigo.

El niño al ver su respuesta se puso a llorar por lo tanto se va. Mientras tanto la maestra que había observado atentamente lo ocurrido se dirigió a Alberto y le preguntó.

Maestra: ¿por qué no quisiste jugar con tu compañero?

Alberto: Porque él lo que quería era jugar con mis juguetes.

Maestra: ¿y por qué no puedes prestarle el juguete mientras tu juegas con otro de tus juguete? ¿O más bien, por qué no juegan juntos con tus juguetes ya que tienes tantos?

Alberto: porque son míos y nadie puede jugar con ellos, sino yo, todos esos me los regalaron en mi cumpleaños, lo que quiere decir que me los regalaron a mí y no a él.

Maestro: debes aprender a compartir.

Alberto: ¿Compartir? ¿Para qué?

Maestra: solo te diré que si compartes con tus amigos seguramente se divertirán más jugando juntos.

En ese preciso instante el timbre del colegio ha sonado.

Maestra: ya sonó el timbre, vuelve a clases, pero piensa en lo que acabamos de hablar.

Alberto aún no tenía muy claro eso de compartir, pero lo intentaría.

Al día siguiente Alberto juega donde siempre acostumbra y el niño vuelve a acercarse.

Niño 1: Hola Alberto, me preguntaba si… emmm… si hoy querías jugar conmigo.

Alberto: (Cuando estaba por contestar como siempre recordó lo que la maestra le aconsejó, de modo que se retractó antes de contestar) este… bueno… está bien… entonces comencemos a jugar.

Cuando el niño iba a tomar uno de los juguetes de Alberto este lo detuvo diciendo.

Alberto: ¡Pero tú juegas con los tuyos y yo con los míos!

El niño muy triste se va, la realidad es que no tiene juguetes y es nuevo en la ciudad, solo buscaba algo de amistad.

Alberto: ¿Y ahora que le pasa a este? Le digo para jugar y me deja aquí solo, vaya educación la de ese niño. (Sigue jugando)

La maestra que observaba con detenimiento como lo que hacía el joven Alberto no pudo pasar por alto lo que ha acontecido ante su atónita mirada, por lo que decide hablar nuevamente con Albertico.

Maestra: Alberto, ¿Qué pasó con lo que hablamos ayer?

Alberto: pero yo le dije que podíamos jugar juntos

Maestra: yyyyy…

Alberto: yyyyy… ¿Qué maestra?

Maestra: ¿y qué pasó que se fue tan triste?

Alberto: Pues, el me dijo para jugar, yo le dije que sí, y entonces, bueno… se fue.

Maestra: ¡Albertooo!

Alberto: es que quería jugar con mis juguetes también y yo le dije que jugara con los de él que yo iba a jugar con los míos.

Maestra: mmm… Bueno, prestar tus cosas también es una manera de compartir, él no tiene juguetes por eso se puso tan triste cuando le dijiste eso, pero imagino que esa parte no la sabías, vamos comparte con tus amigos, y si no estás muy seguro de prestarlos entonces pide que cuiden tus juguetes si eso es lo que te preocupa.

En el momento indicado el timbre vuelve a sonar, interrumpiendo nuevamente los consejos que Albertico escuchaba de su maestra.

Maestra: otra vez te salvó la campana, vuelve a clases, y recuerda lo que hablamos, de verdad se divertirán juntos.

Alberto llega a su casa y justo al entrar se encuentra con su abuela.

Abuela: Hola Albertico, dime, que quieres que prepare para la cena.

(Alberto está algo molesto, tomó por regaño los consejos de la maestra)

Alberto: Nada, no quiero nada, me voy a mi cuarto.

Alberto: (en su cuarto) ya no sé qué hacer, todos los días la maestra me viene con el mismo sermón de que debo compartir, pero no termino de entender por qué es tan importante eso…

Marciano: Hola Alberto, ya veo que hoy te fue un poco mal en la escuela, si quieres hablamos un rato.

Alberto: lo que pasa es que la maestra quiere que juegue con los otros niños, y también que preste mis juguetes.

Marciano: Pero inténtalo, tal vez la pases muy bien jugando con ellos.

Alberto: es lo que me dice la maestra siempre.

Marciano: Sí, juega con ellos, presta tus juguetes si es necesario, claro, pero antes pides el favor de que los cuiden.

Alberto: eso también lo dice la maestra.

Marciano: la próxima vez, intenta jugar con alguno de tus compañeros de clases, o puede ser con el niño que ha querido jugar contigo últimamente, quizás como ve que tienes tantos juguetes el crea que le puedas prestar uno, puede que él ni siquiera tenga juguetes.

Alberto: mmm… tu como que eres… ¡La maestra! (va hacia el marciano a intentar quitarle la ropa) ¡vamos quitate el disfraz, sé que eres la maestra, te lo voy a quitar maestra!

Al día siguiente en la escuela, Alberto esta vez es quien intenta acercarse a sus amigos, pero le da mucha pena así que antes de ir al patio de juego se queda un rato pensando como iniciará una conversación con los compañeros que allí se encuentran, al ver a el joven Albertico actuar de manera tan poco usual, el portero de la escuela se acerca y le pregunta.

Portero: Hola pequeño Alberto, ¿y eso?  ¿Por qué no estás jugando donde siempre?

Alberto: Es que la maestra se la pasa regándome porque no quiero jugar con los otros niños, así que para evitar que me regañe me voy a quedar aquí sin jugar.

Portero: ¿Por qué no quieres compartir con los otros niños?

Alberto: es que no le veo nada de interesante, miralos a todos compartiendo unos con otros, de verdad no le veo la gracia.

Portero: sí, los veo jugar, y veo que se divierten mucho, ¿Qué tiene eso de malo? La están pasando de lo mejor.

Alberto: ¿Cómo sabes que la están pasando de lo mejor? ¿Te lo han dicho?

Portero: No, pero fíjate bien, están tan felices jugando unos con otros que no hace falta que se lo digan a alguien para saber que la están pasando muy bien, así de felices son ellos, y así se estarán divirtiendo, solo basta con verlos. Tú te veías muy solo y triste aunque aparentemente no lo estuvieras. Como aquel niño, está muy distraído jugando pero mira como voltea de vez en cuando para ver si alguien se le acerca. Estoy seguro que quisieras tener amigos pero no sabes cómo hacerlo.

Alberto: ¡Claro que sé hacer amigos solo mirame! (Se queda en el mismo lugar)

Portero: te miro, pero veo que aún estas aquí.

(Suena el timbre)

Alberto: (para sí mismo) ya me salvó la campana de nuevo, ¡Bah! Ni modo, igual me las puedo arreglar yo solo, no necesito a más nadie, con todos los juguetes que tengo no necesitaré de ningún amigo.

Al día siguiente en la escuela, el pequeño Alberto se trae un montón de sus juguetes, está convencido de que no necesita de más nadie así que jugará el solo como nunca antes.

Alberto: Demostraré que no necesito de nadie más, tengo tantos juguetes, legos, figuras de acción, batman, robin, policías, ladrones, castillos, dragones, soldados, dinosaurios. ¿A ver que juego primero?… ya! Voy a jugar  a los policías.

¡Alto allí en nombre de la ley!

¿Hey que hay dentro de esa mochila?

(se cambia a la posición donde debe estar el ladrón)

Estas son mis cosas

(grita como mujer)

Aaaahhh!!! Aaaahhhh!!! Me ha robado atrápelo policía, atrápalo

(El ladrón)

Si yo soy el ladrón y nunca podrás atraparme, jajajajaja.

(Policia)

Quieto en nombre de la ley le pido que se rinda.

(Mujer)

Atrapelo, atrápelo señor policía.

Alberto: uuffff que difícil es jugar policías haciendo de todos a la vez… además no es nada divertido… mmm  pero creo que puedo jugar solo de todos modos.

(Comienza a notarse cansado)

(Como él)

¿A ver, que juego ahora? Sí, con el dinosaurio… no, ya jugué con él ayer… mmmm… a ver… ¡ya! Con los legos…. No ya arme una casa hace rato antes de la escuela…. Ya sé, a Batman y Robin… pero ..y quien hara de robin?… ya no sé ni que jugar, tantos juguetes… ¡listo!  Voy a hablar con… no… ¿Qué es lo que iba a hacer? No, si estos juguetes son míos, ¿para que le voy a decir a otro que juegue conmigo? Todos deberían tener sus juguetes, que jueguen con sus juguetes entonces, yo me las arreglo…

(En ese momento aparece el marciano y le pregunta)

Marciano: ¿Por qué estás tan triste Alberto?

Alberto: Es que tengo muchos juguetes, pero ya no sé que jugar.

Marciano: Te das cuenta Alberto, no hayas que hacer con tus juguetes porque no tienes amigos con quienes jugar, entonces de que vale tener tantos juguetes si no tienes amigos para jugar, debo irme Alberto, pero piénsalo.

(El marciano se va mientras Alberto comienza a pensar al respecto)

Una compañera de clases se acerca a Alberto con intenciones de entablar amistad y jugar un rato con el pequeño Alberto.

Niña: Hola Alberto, ¿puedo jugar contigo?

Alberto: eeehh… bueno… este…

Niña: ¿puedo jugar con tus carritos?

Alberto: ¡No! Podrías dañar su carrocería, no ves que es un porshe del año ’74, además las niñas feas como tú solo juegan con muñecas, ve y consigue tu propio carri-to, este es mí-o y no tu-yo (la empuja), no me importa, voy a jugar a los policías y ladrones yo solo.

Niña: ahora no quiero ser tu amiga aho-ra, me voy a jugar con mis verdaderos ami-gos.

Alberto vuelve a intentar jugar él solo a los policías y ladrones pero se cansa muy rápido. Mientras tanto la niña se va con los otros niños

Niña: Hola ¿a qué juegan?

Niño 2: vamos a jugar a los policías y ladrones.

Niño 1: ¿Quieres jugar?

Niña: está bien. Yo seré una señora con muchas cosas en su bolso.

Niño 2: yo seré policía.

Niño 1: bueno, y yo seré el ladrón.

Alberto mira atentamente a los niños jugando quienes se divierten y pasan un buen rato, Alberto parece comenzar a comprender lo bueno que puede ser compartir.

Policia:

¡Alto allí en nombre de la ley!

¿Hey que hay dentro de esa mochila?

Ladrón:

Estas son mis cosas

 

Mujer:

(gritando)

Aaaahhh!!! Aaaahhhh!!! Me ha robado atrápelo policía, atrápalo

El ladrón:

Si yo soy el ladrón y nunca podrás atraparme, jajajajaja.

Policia:

Quieto en nombre de la ley le pido que se rinda.

Mujer:

Atrapelo, atrápelo señor policía.

(Aparece el marciano)

Marciano: hola…

Alberto: ¡Tu no te habías ido!

Marciano: sí, me fui… al baño… ¿Viste lo que hacían esos niños?

Alberto: ¡Sí! ¡Estaban jugando policía y ladrón!

Marciano: ¿Viste como se divertían? ¿Viste como jugaban juntos? Y cada uno hacia algo divertido y diferente.

Alberto: verdad que se veía muy divertido, pero…

Marciano: ¿Y quieres jugar con ellos?

Alberto: Este…mmm… es que sí me gustaría pero fui muy egoísta y malo con ellos, y ahora no van a querer jugar conmigo. Además me da mucha pena.

Marciano: pero vamos, ¿Por qué no te acercas y tratas de jugar con ellos? Disculpate, vamos discúlpate con ellos, verás que pidiendo disculpas todo estará mejor, pero para eso debes estár dispuesto a compartir… (La voz va desvaneciéndose en un eco) compartir, compartir, compartir, compartir (mientras Alberto se acerca a sus compañeros de clases sigue escuchando el eco) Compartir, compartir, compartir, Compartir (Sigue el eco, Alberto voltea y ve que el marciano sigue allí repitiendo compartir, compartir, compartir) ¿Y tú sigues ahí? (de un manotón se deshace del marciano)

(El joven Alberto se acerca a sus compañeros de clases)

Alberto: (Avergonzado y con su cabeza baja) emmm… esto… ¿Yo puedo jugar con ustedes? ¿Aunque sea un ratito? ¿de verdad, si? Eeehh…esto… yo sé que he sido muy malo y muy egoísta, pero no quiero estar solo. Quiero tener amigos como ustedes. Espero que me disculpen, no he sido un niño bueno, pero bueno, se que ustedes están molestos conmigo, pero, bueno, está bien, me voy, adiós.

(Se voltea aún cabizbajo y se comienza a alejar pero la niña lo alcanza, toca su hombro y le dice)

Niña: ¿A dónde vas? Claro que puedes jugar con nosotros Alberto. La maestra nos enseñó que no debemos guardar rencor, y que debemos ser buenos compañeros y buenos amigos.

Alberto: ¿de verdad? ¿Puedo jugar con ustedes?

(Música infantil de fondo)

Alberto se une a jugar con sus compañeros y así pasa una tarde muy animada con sus nuevos amigos.

Marciano: En ese momento Alberto pudo aprender el verdadero valor de compartir y de lo importante que es tener amigos, así como obedecer a sus maestros, y por primera vez en mucho tiempo, Alberto junto a sus nuevos amigos pudo vivir sus más grandes aventuras. Pudo ser de Policía, junto a sus amigos construyó, casas, barcos, una nave y voló al espacio, pudieron viajar a lo profundo del mar. Salieron juntos a salvar el mundo como superheroes y también viajaron a la era de los dinosaurios. Pero lo más importante, pudo vivir la aventura de tener amigos con lo que compartir.

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