Una nueva adquisición…

Luego de que en la Libreria Sur, de la aldea Bolivariana de Ocumare donde iba a ser el Centro Comercial Ocumare Cristal, me dijeran que el ejemplar que tienes de Humor y Amor de Aquiles Nazoa, era el único que tenían, no lo pensé mucho y decidí apartarlo… Esa quincena estuvo un pelo ruda) para terminarlo de pagar en la proxima quincena…

No ha llegado la quincena, pero necesitaba salir de ese rollo, igual lo haría en cuanto me pagaran…

En cuanto pude salí del trabajo para sacar la cantidad restante y… listo, ya tengo mi ejemplar de Humor y Amor, de pasada también compré El Hombre de Hierro, de Rufino Blanco Fombona, hace años que tenía curiosidad por este libro…

Hace mucho, mucho tiempo en un pueblo no tan lejano de Yare, una mujer a la que quiero como mi madre…

Bueno, ella, mi querida Belkis Mota, nos contó, un día que alguien llevo un libro de poesia, que es costumbre tomar el libro y abrirlo en una pagina al azar, existe la superstición de que una vez abierto, la poesia que está en la pagina que nos tocó, reflejará, hasta cierto punto nuestro estado de animo actual, o algo que tengamos rondando mucho en la cabeza…

Lo colocaré como casualidades de la vida, pero en ese momento me resultó, hice lo mismo con mi nuevo libro y me tocó algo sobre Japón, como muy bien sabrán, me gusta mucho todo esto de la animación japonesa, sino miren mi imagen de cabezera… Aquí os dejo, el pequeño escrito con el que me topé.

El Ocaso de Hirohito.

Aquiles Nazoa

A punto de morir como un batracho

al desprederse un techo en su palacio,

(de lo cual se salvó por un pelito),

Estuvo en estos días Hirohito.

Y aunque el caso es bastante extraordinario,

nadie le ha dedicado un comentario.


Un tiempo la figura de Hirohito

fue una especie de mito;

envuelto en sus kimonos con dragones

(porque entonces no usaba pantalones)

era, para los hijos de su imperio,

como suele decirse, algo muy serio.

Teníanlopor dios más que por gente

y llegó a ser creencia muy corriente

que quien sin ser su cónyuge Nagato,

lo mirara de frente,

quedaba de inmediato

si no ciego, cegato.

Y como la mundial cursileria

otro asunto a la mano no tenía,

con los temas de Oriente

la cogió fuertemente:

se pusieron de moda los kimonos

y las sombrillas de subidos tonos

y los versos en forma de hai-kai

y el dúo de “madame butterfly”


Publicar el retrato de Hirohito

era en la prensa entonces casi un rito;

y en cuanto a su señora, la Nagato,

la sacaban en danza a cada rato.


Pero vinieron otros intereses

que no eran japoneses,

y el Japón fue quedando relegado

para las cajas de jabón “Mikado”


Luego la guerra se le vino encima;

cayó la cosa aquella en Hiroshima,

y el pueblo japonés descubrió un día

que aquel a quien por ídolo teía

no era sino un simple pisto

¡Un simple bebedor de coca-cola!


Y Ahora, ya lo veis: al pobrecito

se le desprende el techo,

se salva de morir por un pelito,

y esto la gente se le importa un pito,

¡ni siquiera le dicen que bien hecho!

En otra oportunidad publicaré otros, pero de momento voy piano, piano porque ando bien metido en una obra de Chocrón con una propuesta, a mi parecer bastante innovadora dentro de lo que es el teatro, y también tengo que ver cuando me tomo un tiempo de reseñar los que he venido leyendo desde hace unos meses… pero no esperaré tanto con otros escritos de Nazoa, ya veré la oportunidad de irlos intercalando por aquí…

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